Tenía muchas ganas de irme a la playa, pero me daba miedo por todo lo del tsunami después del terremoto. Era fin de semana largo y debíamos aprovecharlo, aparte las cosas no estaban del todo bien y más que mal, había dinero. Así que no lo pensamos más y en grupo fuimos a la costa.
Todos me preguntaban si me había conseguido la casa, que si me la habían prestado y yo nunca pregunté. pero dije que sí, tenía las llaves y el dueño no la iba a arrendar. Así que nos fuimos a Iloca. Igual a todos les daba susto porque fue uno de los pueblos donde no quedó casi nada después del tsunami. Y eso que era tan lindo.
Al llegar ¡Sorpresa!, el pueblo estaba casi en un 70% levantado y eso era un gran logro. Llegamos a la casa que no estaba muy lejos de la playa y entramos, dijimos a los vecinos que el caballero nos la había arrendado y no pusieron ningún problema. Luego de eso nos instalamos y cada uno por su lado comenzó a hacer lo que debía. Yo por mi parte decidí salir a mirar un poco y en la puerta me quedé. Cuando en eso veo que sale alguien de la casa vecina, era una mujer pequeña, pelo negro, buena figura. Yo la quedé mirando y al darse vuelta era Ella, me escondí para que no me viera y decidí seguirla. Camino no muy lejos en dirección a un parque, me asombré al ver con quién se juntaba, nada más que con nuestra amiga de infancia. Me quedé cerca del puente escuchando lo que conversaban, era todo muy confuso, porque sentía que hablaban de mí. ¿Pero como si no me ha visto?. Luego me di cuenta que sus miradas habían caído sobre mi y decidí saludarlas. Nuestra amiga se fue dándonos espacio a ambas para conversar. ¿Que ha sido de tu vida?, ¿Porque no me buscaste si yo aún te amaba?, ¿Porque te demoraste tanto en volver?, eran preguntas que no sabía como responder y es que quizás aún el shock me tenía mal. Sentía una gran atracción, pero algo me impedía el que estuviéramos juntas. Mi corazón se aceleraba y esas cosquillas en el estómago me eran más que familiares, quería besarla, pero no podía. Sin más que hacer nos devolvimos a la casa, y en eso otro fantasma aparece, era su madre quién como en otras ocasiones desfiguraba su cara al ver mi anatomía junto a la de su hija. Ella asustada corre con un "no le hagas nada" y ella sólo la mira. "No te acerques más a ella, porque ya sabes lo que pasará, te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir. Sino llamaré a la policía". Mire señora, no me amenace, le respondí, podrá habérmelo hecho una vez pero dos no, antes eramos menores de edad, ahora somos adultas y creo que ya elegimos. No lo intente. Porque ya no le tengo miedo.Y así terminó mi primer día, claro los demás no preguntaron nada sólo me invitaron a celebrar nuestro llegada, pero mi cabeza estaba puesta en sus labios, en su pelo y su forma de hablarme...
Dormía cuando sentí que tocaron a la puerta, todos los demás estaban en lo suyo, Morfeo los acogía, quizás no tanto como a mí. Abrí y era ella, se alegró de verme y me invitaba a que fuéramos a dar un paseo, tenía que mostrarme algo. Recorrimos casi toda la costa de Iloca y pues bien era muy hermosa, aunque tal belleza se perdía con la de mi compañía, me parecía extraño que pudiera sentir estas cosas después de tanto tiempo. Pero era así. Hablamos de nuestras vidas, de lo que había sucedido después y de los malos entendidos, de que ella había rompido con su novio y que lo hizo por mí. Aún mi shock no pasaba, y entre cada palabra un beso quería soltarse, no pude evitar tomarla de la cintura, era el instante preciso, y de nuevo esas confusiones que me impedían desatar esta locura. Me dijo que se tenía que ir, que su mamá despertaría y debía estar ahí. Le dije que hoy era mi ultima noche acá, que haríamos un asado. Para que me fuera a despedir y ella no hizo más que sonreirme y caminar hasta perderse.
Yo me quedé en la playa, pensando en que podía hacer, miraba las olas como iban y venían y pedía por favor que se llevaran estos fantasmas del pasado, que me explicaran la situación y me dieran respuestas. Pero ellas tienen sus propios problemas como para resolver los míos. El mar me produce tranquilidad, adormece mis penas y mis angustias, me hace ver el lado lindo de la vida. Me insíta a que me bañe con él y libere mis tensiones... Se hacía tarde y debía regresar.
Nos reuníamos en nuestra ultima noche en la playa y bien las risas iban y venían. Era un ambiente muy grato, todos felices con alcohol, la música y el descontrol. Disfrutaban de lo que sucedía. Había sido un viaje ensordecedor. Yo estaba un tanto alejada del resto, creo que nadie se daba cuenta de la situación y lo prefería así. Pero bien, mi amigo, mi buen amigo se acercó a mi y dijo que me buscaban en la puerta y le dije que como si nadie había tocado. Y en ese preciso instante se oye el toc toc. Fui a ver quién era con la esperanza que fuera ella. Y si, lo era, venía con un vestido blanco, casi como un ángel y me dijo, que no podía dejarme ir y que le daba igual su madre. Y la callé con mi mano y le dije que no me podía irme sin hacerle saber que la amaba y tomé de su cuerpo, lo hice junto al mio pudiendo por fin besarnos, era tan real, tan puro y placentero. Luego la invité a pasar para que conociera a los demás, tuvo una buena recepción y en medio de la noche cuando la fogata casi se apagaba quedamos ella y yo. Y como una lluvia de estrellas fugaces nuestros labios comenzaron a buscarse, y nuestras manos se inquietaban y necesitaban tocar el cuerpo de la otra. Era rico, casi irreal pero cierto, fue entonces cuando nuestras ropas desaparecieron y concretamos nuestro amor. La abrazaba tan fuerte para que no se escapara, tan fuerte que mis dedos quedaran impregnados en su piel, tan fuerte que su olor pasara a ser mío. Tan fuerte que nos pudiese unir. Luego de terminar, dormimos abrazadas, siendo nuestra frazada el azul del cielo y nuestro calor las miles de estrellas. Ese día la noche fue nuestra cómplice y lo seguiría siendo. Decidimos que estaríamos juntas y que ella escaparía esa misma noche, se iría a mi departamento, con lo puesto, empezaríamos de cero. Sería una vida llena de sacrificios, pero juntas podría ser mucho más entretenida. Total nada en la vida es gratis. Luego de eso nos dormimos...
Los rayos de sol me molestaban y me hicieron despertar, fue el más lindo de todos porque estaba ella a mi lado. Se hacía tarde y debía huir antes que su mamá nos encontrara. Le pasé mis llaves y las de la avioneta del señor de la casa. Sabía que se molestaría, pero era un caso urgente. Lo bueno que era automático y por ende no necesitaba grandes cursos. Yo no podía ir de inmediato con ella, porque sino levantaría sospechas. Así que nos despedimos con un gran y efusivo beso. Y un abrazo casi tan penetrable de esos que acojen el alma. Y prendí la máquina. Tenía una sensación de esperanza que hace tanto tiempo no sentía, estaba viva, tenía algo por lo que luchar y volvía mi sentido a la vida. Tan mágico y particular. Ella me sonreía y me despedía con la mano. La avioneta tomó rumbo y un poco de altura, allí iba mi ilusión...Pero apenas se eleva explota una turbina y la pequeña máquina comienza a caer en dirección al mar. No podía ser, no justo ahora. Corrí al mar y me lanzé, nadé hasta donde estaba ella. Me sumergí para abrir la puerta y que saliera, grande es mi sorpresa porque me percato que la avioneta funcionaba con petróleo y estaba a punto de hacer contacto con el fuego, abro la puerta, sale ella y explota el motor. Vi como el fuego abarcaba su cuerpo y el petróleo se impregnaba en mis ropas, gritaba muy fuerte, me pedía ayuda, me decía que no la dejara sola. Yo con mi voz conciliadora la abracé, para que el fuego fuera hacía mi y prometí no abandonarla. "Una vez te perdí y el destino quizo que volvieras a mí. Ahora quiere arrancarte de nuevo, pues si lo hace que nos lleve a ambas". Esas fueron mis palabras y tomé de su mano. Podía sentir ese calor quemante, pero no era tan poderoso como ese amor nuestro, cerré los ojos y apreté su mano...
Abrí los ojos nuevamente y estaba a la orilla de la playa, toda la gente miraba con espectación lo sucedido, vi a la mamá de ella llorar, a mis amigos desconsolados, pero ellos no me veían que estaba ahí. La armada junto a la policía tenían cercado el sector. Me asusté al divisar al dueño de la casa. Porque me regañaría al ver como quedó su avioneta. Me acerqué a hablarle y me ignoró. De pronto me doy cuenta que todos se acercan más a la orilla y oigo gritos y más llantos. Me aproximo a lo que ven y mis ojos no creen lo que veo, eramos ella y yo muertas sobre dos camillas, llenas de vendajes como momias y tomadas de la mano. Ahora la pena se había desatado, no había consuelo ni explicación para tal escena. Largué a llorar por mi y por ella...
Y sin más que otra explicación, observé lo que procedía hasta que cayó nuevamente la noche y las estrellas vinieron a hacerme compañía antes de partir... No es una historia inusual, es algo que nace simplemente. En la vida nunca se sabe lo que sucederá, porque eso es que hay que vivirla en su esplendor. Jamás renunciar a lo que se ama...

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