miércoles, 14 de octubre de 2009

 

Tango escucho sentada mientra las nubes avanzas muy rápido en dirección al norte. Es un día primaveral pero con mucho viento frío. Aún estoy sumergida en el mundo de los libros, quizás son los únicos en donde podemos encontrar las mejores soluciones a nuestras interrogantes. Existen tantos paradigmas en la mente humana, como hojas hay en los árboles. Increíble el poder que posee esta y la capacidad de organizar todo estructurar tu vida y demases.


En el libro que leo hoy, habla sobre pequeños cuentos de gente cotidiana, pero que en diminutos detalles se encuentra la grandeza del ser humano, El como se es tan inteligente y con la sencillez de una sonrisa, poder aliviar la pena de otro ser. Reviso un cuento sobre un niño, este niñito tiene 4 años y aún no habla. No es de tener amigos y se pasa el día mirando por la ventana como la demás gene pasa y algunos niños del sector juegan. Sus días eran iguales, aunque asistía al médico casi todos los días para revisar su caso. De pronto un día cualquiera estaba el observando como siempre cuando tocan la puerta. El estaba solo y se atemorizó, miró por su ventana y se vió que era un niño. Entonces cuidadosamente abrió la puerta y se encontró con una sonrisa gigante que lo saludaba y lo invitaba a jugar. El trataba de darle señas de que no podía hablar, pero el hacía caso omiso a todo y lo toma estrepitosamente de la mano y salen a jugar con los demás compañeros, el le hace un tipo de gestos para que los observe y luego siga. el niño está sorprendido, se siente integrado a pesar de no poder hablar, El sonría, siente que su corazón late y desea con todo anhelo decirle gracias, aunque no puede...

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